Ha llovido mucho desde la última vez que me decidí a escribir en este blog.
Aunque puede que no haya pasado mucho tiempo, sí han pasado muchas cosas.
Me he enamorado. Me he sentido cómo nunca antes me sentí jamás: me han hecho muy feliz y amada pero... también me he sentido muy mal y me han vuelto loca (tanto para "bien" como para mal). No me arrepiento de haberle conocido... que va. Simplemente no pensé que mi primera "historia" de verdad tuviera que ser tan decepcionante y dolorosa. Porque ha dolido y aún duele si me paro a pensar en ello y todo lo que tuve que aguantar. Joder, qué tonta fui. El amor...que hasta el más listo cae. Dicen.
Afortunadamente esta historia terminó, para siempre. Y ya no tengo ningún tipo de contacto con esa persona, a la que ahora mismo le tengo un rencor bastante limitado. Es decir, él hizo cosas que ahora me doy cuenta de que no estuvieron bien y también sé que mintió, y mucho. Antes pensaba que no podía ser pero ahora, sinceramente, ya me da igual. Ya no me importa qué fue de verdad y qué fue mentira. No merece la pena.
Pero... eso no fue lo único malo que ha pasado desde que no escribo. Justo un día después de terminar con esa "persona", me dieron una noticia esperada no querida. Ingresaron a mi tío en el hospital y mientras él estaba luchando por sus últimos días de vida, yo estaba cuidando de mi abuela y haciendo que no se diera cuenta de nada, hacerla reír. Desgraciadamente, mi tío murió a los cinco días. El día de la madre fue el peor día del año: lleno de dolor y lágrimas. Lo peor de todo fue mi no-reacción ante su muerte. No fui capaz de llorarle hasta que no le vi ahí: muerto, y expuesto ante sus cercanos. Creo que incluso a día de hoy todavía no he asimilado su muerte... no será hasta que vuelva al pueblo de mi padre, donde siempre le veíamos junto con toda la familia cuando subíamos para comer los domingos, cuando me de cuenta de que realmente se ha ido para siempre y no va a volver.
Fue una de las peores de toda mi vida: el fracaso de mi primera historia de amor y la muerte de un ser querido tan cercano como él. Pero, tal y como dicen, después de la tormenta llega la calma. Bueno, en mi caso fue en medio de la tormenta. Justo esos días de dolor y duelo, conocí a otra persona. Una persona increíble. Honesta. Alegre. Dulce. Atenta. Un chico encantador. Y doy gracias de haberle conocido. No le doy gracias a Dios porque no creo, no creo en nadie. A veces no creo ni en mi. El caso, que cuando le conocí estaba segura de lo que quería pero enseguida me captó y caí. Me alegro de haber caído porque sí que soy feliz de verdad, ahora sí que me siento amada y apreciada. Ahora sí que siento que hay alguien que de verdad se preocupa por mi, me entiende y me respeta. Alguien que me hace reír, sonreír, sonrojar y hacer que vaya cantando por los pasillos de la universidad cual tonta caída de un nido. Todo esto parece una historia de cine. Bueno, pues no. Estas cosas de verdad que no pasan en la vida real. Es todo muy bonito y estamos muy bien y me siento tal y cómo he descrito y de muchas otras maneras preciosas que no escribo porque sino... no acabo. Pero no todo es de rosa, hay un pequeño problema que se puede contar en kilómetros y que espero que no acabe por ser fastidiarlo todo pero yo tengo fe en que no lo será, me gusta pensar así. De momento, me siento la chica más afortunada del mundo. Me siento feliz y... espero ser suya pronto. Espero que sea la historia de amor que siempre soñé. Aunque por lo menos los sueños que tengo con él sí que son como esperaba: amor.
