Está tan aterrada al rechazo, que no se deja conocer. Pobre niña inocente, si pudiera se pondría roja pero, en lugar de eso, por dentro se revoluciona de lo nerviosa que se pone si alguien se interesa mínimamente por ella. Ya no sabe si sigue a su mente o a su corazón. Sigue a su instinto de supervivencia, cree ella. Pobre ella. No sabe lo que se pierde, deja atrás gente sin conocer por miedo a no gustar.
Pobre niña inocente, no sabe cómo salir de ese ciclo vicioso de miedos.
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